Una historia mas

Aquí les comparto una historia de una víctima de la sociedad, una joven vulnerable ante las criticas de la sociedad.
No juzgar es el primer paso para poder ayudar. 


Camila es una adolescente de 15 años, ella estudiaba y vivía en una familia normal, de buena posición social, unida y que le brindaban mucho amor. Cursaba grado décimo en un colegio femenino y al cumplir sus 15 años en Febrero su vida se vio envuelta de criticas y estereotipos de perfección que ella quería seguir. 

"No me sentía bien con mi cuerpo, todas las niñas me parecían mas lindas que yo, nada de mi me gustaba, me miraba al espejo y despreciaba mi cuerpo" dice Camila. 

De repente estaba un poco subida del peso normal y tras una cita con un medico general se dio cuenta que con estatura de 1,56 cm debía estar en 55 kg mas o menos y ella estaba en 57 kg, y de un momento a otro a su mamá se le soltó el chiste típico "estas como subidita de peso, no" desde ese momento Camila entro en un conflicto emocional, no sabía si llorar de rabia hacia su mamá o de rabia hacía ella misma por ser una gorda fea en una sociedad de bellas esbeltas. 

Así mismo en su colegio, las niñas de grados superiores le hacían bromas por tener muchos cachetes, ser bajita y caderona. Camila se sentía bien con su cuerpo pero desde esas criticas y bromas que parecian inocentes e indefensas, su pensamiento cambio radicalmente. 

Empezó a buscar en internet lo que creía era su solución, encontró paginas de "Mis amigas Ana y Mia", "La manzana podrida" o "ProAnaYMia" paginas que en verdad solo dañan el pensamiento de las mas vulnerables. Dentro de esas paginas dan tips para vomitar, esconder la comida, que tu familia no se de cuenta de tu problema e incentivan a seguir siendo princesas de la belleza, donde la anorexia y la bulimia son tus amigas. 

Al parecer, Camila no podía ser amiga de la anorexia, ya que por estar tan reprimida por la sociedad comía y comía pero le daba cargo de conciencia. "No podía aguantar hambre, pero a la hora de comer si la podía devolver. Confieso que no es fácil vomitar, dure dos semanas tratando de tocar la campanilla y vomitar, y cuando lo logre por primera vez, me sentí satisfecha" explica Camila. 

Así fue como Camila tenía episodios de vomito una o dos veces por semana durante un mes, luego empezó a sufrir de los atracones, e inducia el vomito tres veces por semana, claro que tenía que ser cuidadosa con sus amigas y familia, nadie era confiable. Duro así tres meses y ya se empezaba a notar el cambio, sus dientes estaban amarillos, los dedos arrugados, le dolia siempre el pecho y la garganta, tomaba mucha agua, pero nunca intento hacer ejercicio, su cintura se redujo un poco, pero ella ya estaba cansada se sentía sola y sin salida. 

Un día muy normal en el colegio se convirtió en su tortura, después de un descanso en el cual ingirió dos empanadas y una gaseosa, se sintio tan culpable que entro al baño e indujo el vomito, cuando entro una de sus amigas y por los ruidos provocados se dio cuenta de lo que pasaba, sin pensarlo dos veces espero a que Camila saliera del baño y empezó a hablar con ella.
"Salí del baño y me estaba esperando una de mis mejores amigas, no pude mentirle todo era muy obvio y ya sospechaban de mi problema, no llevaba mucho tiempo pero ellas ya sabian, de un momento a otro el baño se convirtio en mi sala de juicio llegaron mis amigas, las mas cercanas, empezaron con su charla y al final todas terminando llorando, todas me decian que yo lo tenia todo, pero la verdad solo me faltaba que mis papás me dedicaran algo mas de tiempo, en ese momento la soledad era mi mejor compañía", dice Camila. 


A raíz de esto, las amigas de Camila se vieron en la obligacion de hablar con los papás de ella, ya que ella no lo haría nunca. Dos días despues de lo sucedido, los papás de Camila confrontaron la situación y hablaron con ella. Camila nos cuenta: "nos sentamos en el comedor como si fuera un funeral, mi mamá empezó a contarme lo que mis amigas le habían dicho y básicamente era la verdad, lloramos, hablamos y en resumidas cuentas decidí ir al médico y un psicólogo. No muy contenta con mis amigas ni mis papás fuimos al hospital y después de una semana de sesiones con el psicologo y un nutricionista, me detectaron principios de bulimia". 

Despues de 1 mes de tratamientos, idas al psicologo, terapia de familia y dietas con nutricionistas, Camila reconoció que tenia un problema, paso de 50 kg a 54 kg, su peso ideal o por lo menos algo razonable y saludable para ella, algo con lo que se sintiera conforme, solo duro un mes en su tratamiento, dos veces por semana al psicologo y al hospital, nunca quizo internarse en una clinica ni nada por el estilo, la verdad ella sentia miedo.

"Todos creen que eso se supera de la noche a la mañana y que después de ese mes todo volvió a ser normal, pero que mentira, uno sigue con algún cargo de conciencia después de comer. La verdad lo volví a hacer pero no tan seguido, un mes de felicidad junto a mis papás para que volvieran a lo mismo de dejarme sola por sus trabajos. Vomitar y utilizar laxantes se quedo a un lado después de un año, cuando cumplí 16 entendí que hay mejores cosas por las cuales vivir". Finaliza Camila con su historia. 

Después de dos años de sus episodios y su diagnostico de principios de bulimia, ella aun sufre cargos de conciencia a la hora de comer, a veces no come por un día y de vez en cuando hace ejercicio, pero su problema de trastorno alimenticio no ha sido superado, tal vez con estos principios pueda volver a caer.   

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